miércoles, 22 de octubre de 2008

Taller de Educación Popular y Ambiental - Crónica de Planificación

Crónica planificación
Fecha: septiembre 2008.
Objetivo: Planificación de los encuentros, definición de contenidos y metodología.

Transcurría septiembre y sus sábados nos encontraron en la sede de la institución “Con los Brazos Abiertos Hacía el Futuro” el objetivo era conocernos y empezar a constituirnos como grupo de trabajo. El equipo estaba formado, Eva, la hasta entonces presidenta de la institución había convocado para el área de formación a dos docentes con las cuales trabajaban, Daniela y Andrea.

Por su parte, con Nota al Pie en la coordinación de los talleres propusimos a los Sistematizadores, Juan Pablo y Silvina dos incansables en lo que respecta al trabajo barrial, cada uno de los cuales enriquecían la apuesta con su calidez humana y su compromiso. Finalmente, estaban las dos Lorenas, ambas vecinas, designadas al cuidado de los niños, e inquebrantables en lo que respecta al acompañamiento, tanto en las asambleas del barrio como a la hora de ir al frente en un reclamo.

Entre tanto, aquello que parecía la tarea más fácil, ya terminado el forcejeo de precios del proceso de licitación de proveedores, las redefiniciones conceptuales del cuerpo del proyecto, sus idas y venidas; al poco de andar devino un nuevo desafío: “poner en común dos espacios se mostró a sí mismo como todo un esfuerzo de comunicación”. Lograr la integración del equipo era la meta, esto no obstante chocó en principio con las diferentes percepciones sobre el problema, los objetivos del taller, el lugar del método, que método, etc. que cada uno de los espacios proponía; de modo que esta etapa, sin lugar a dudas se mostró nuestro primer aprendizaje.

Esto pues, precisamente esta etapa tan fundamental de planificación puso en escena todas las contradicciones, los cruces y diferencias propias de toda instancia en donde dos espacios con percepciones, valores y aspiraciones al parecer distintas se llaman a trabajar en conjunto. Fue así como aceptamos el desafío y fuimos al encuentro del otro, acto de renuncia necesario para poder ser, y a sí dar comienzo a un proceso de construcción participativa y eminentemente reflexiva, donde las diferencias no fueran ya un estigma, sino fundamentalmente una oportunidad, la oportunidad de enriquecernos, de sumar experiencias, de volver a mirar al mundo con los ojos del otro, generando así ese distanciamiento crítico que se volvió vital a la experiencia.

Fue entonces -y sólo entonces- que el trabajo fue posible, sólo entonces pudimos ser y empezar a hacer. Un buen comienzo para un proceso que de apoco empezaba a trazar su propio camino.

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